Cosas que he aprendido de mi madre

Siendo completamente sincero, tengo que admitir que es una relación que me cuesta mucho a veces, pero ayer cuando volví de un viaje de 11 días fuera de mi casa, me di cuenta de una cosa: hay cosas que no tienen explicación, que se curan con un abrazo y un beso nada más verla. 

Por mucho que nos enfademos, ella es la única que me puede dar amor incondicional. Y puede que en algunos momentos sean difíciles de llevar, pero creo que tengo mucho que llevarme de su cariño.

A veces me taladra por Whatsapp y otras veces soy yo el que no para de dar la lata, pero ella es, yo creo, mi mejor coach: me hace ver lo que hay en mí y descubro que no siempre puedo llevar la razón, y que aunque yo la lleve en muchas ocasiones, siempre existen otros puntos de vista: los de quienes me quieren y están más cerca. 

Lo mejor: su intención positiva. Ella quiere lo mejor para mí y es gracias a ella por quien estoy aquí.

Por eso, tomar cafés y tés con ella es una de las mejores terapias. Esto es algo que no siempre supe y que me ha costado ver, pero si me dice las cosas es por algo.

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Bajarse de los 9 burros

Esto es parte de algo que leí hace tiempo en El libro del Ego (OSHO), lectura recomendadísima para quien quiera conocerse un poquito más a través de esta disciplina aglutinadora de muchos saberes (una de mis primeras impresiones fue que es una especie de budismo remezclado con otras creencias) que es desde hace unos años una tendencia digna de seguir en todo el mundo. Yo en casa lo he denominado la Teoría de los 9 Burros, que dice lo siguiente:

Piérdete para encontrarte

[…] El espacio interior también crece cuando dejas ir a la necesidad de enfatizar tu identidad-forma. Esa necesidad es del Ego. No es una necesidad real. […]

De esta forma, es interesante conocer qué comportamientos llevamos a cabo para dar énfasis a nuestra forma como identidad. Esto nos lleva a convertirnos en menos para poder ser más. Suena muy profundo, pero ahora veréis: tiene sentido.  

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Los 9 burros (de los que estaría bien que todos nos bajáramos en alguna ocasión)

Todos tenemos parte de estos puntos en mayor o menor medida. Yo, por mi parte, todavía me sigo encontrando con que no me he terminado de bajar de algunos, pero puede que en ciertas situaciones tampoco haga falta bajarse… simplemente ser asertivo. Así mismo, hay ciertas cosas que no son muy bonitas de ver en uno mismo o en los demás. No obstante, creo que es un interesante ejercicio para conocerse mejor a uno mismo y reconocer comportamientos. Os presento a los nueve burros:

1. Pedir reconocimiento por algo que hiciste y enfadarte o desconcertarte si no lo consigues

2. Intentar conseguir ser el centro de atención hablando de:

  • Tus problemas
  • La historia de tus enfermedades
  • Tus logros

3. Dar tu opinión cuando nadie la ha pedido y no aportar ninguna diferencia a la situación

4. Estar más preocupado de cómo te ve la otra persona que de estar realmente con esa persona. A veces usamos a otras personas como reflejo de nuestro propio ego o como potenciadoras del mismo.

5. Intentar impresionar a los demás a través de:

  • Posesiones
  • Conocimiento
  • Apariencia
  • Estatus
  • Fuerza física

6. Inflar nuestro ego temporalmente a través de reacciones agresivas ante algo o alguien

7. Tomarse las cosas personalmente y sentirse ofendido

8. Hacer ver a los demás que nosotros estamos en lo correcto y que ellos se equivocan a través de quejas mentales o verbales

9. Querer ser visto o aparentar ser importante

Simplemente libérate de esos comportamientos cuando los veas acercarse. A ver qué ocurre, como experimento. Yo mismo me lo aplico y a veces (a menudo) me va bastante bien. Aunque en algunas ocasiones ello conlleve “bajarme los pantalones”… pero es algo que muchas personas no hacen y “no bajan del burro”. Bien, a veces, es necesario probar a bajarse una vez para observar qué ocurre, aunque no volvamos a repetir ese ejercicio.

Quitar fuerza a quien eres en el nivel de la forma es otra forma de generar conciencia, nos dice Osho. De esta forma, podemos descubrir que dentro de cada uno tenemos un poder enorme que fluye a través de nosotros sin que nos demos cuenta.

En ciertas ocasiones, podemos obtener una calma interna mayor si dejamos a los burros ir.

Espero que esta información os pueda ser de utilidad y simplemente lo lanzo como una propuesta para generar espacio interior. No es necesario irse a un spa, con reconocernos a nosotros mismos y tocar ciertas teclas en nuestros comportamientos puede ser suficiente.

Me entra agua en las gafas de nadar…

Hoy mientras nadaba, me ha pasado algo curioso:

Me sumerjo en la piscina y me coloco los tapones en los oídos para que no entre agua, me coloco bien las gafas y el gorro tapando bien las orejas. Nado medio largo. Me paro a colocarme bien las gafas porque me entra agua, me coloco mejor el gorro porque tengo media oreja fuera. Nado otro medio largo y me vuelve a pasar lo mismo. No me gusta que me entre agua en los ojos mientras nado ni me gusta que se me salga la oreja con el riesgo de que me pueda entrar agua en los oídos. Es súper incómodo. Pues bien, me puedo tirar 10 minutos en el sitio colocándome bien todo, obcecado con la idea de estar bien protegido del agua en ojos y oídos. He probado mil tipos de gafas y con todas me entra agua.
He asumido que el problema soy yo, así que he acabado por desarrollar un aguante mayor al aguita que se cuela en la parte inferior del cristal de las gafas, hasta que sobrepasa la pestaña y tengo que salir a la superficie a recolocarme bien por otros cuantos largos.

Teniendo eso en cuenta, nadar 50 largos puede ser una aventura… y la buena noticia es que aparte de llevar la cuenta de los largos y el acoso acuático, no tengo ocasión de pensar en mucho más que en que cuando esté delante del ordenador tengo que contar esto en el blog.

A donde quiero llegar con esto es que puede que haya cosas que nos molesten… y que podía perfectamente haber dejado de nadar, no conseguir hacer mi cantidad de ejercicio programada para el día de hoy y volver a casa pensando que soy lo peor; pero he seguido, “puteado” por algo que supongo que a muchos otros nadadores les pasará: me niego a pensar que soy el único nadador no hermético sobre la faz de la tierra. Y os cuento esto porque yo antes era de los que decía: ah sí, pues ahora me salgo de la piscina en el largo número 10 porque estoy rayado porque Fulanito me dijo esto tres días antes de venir a nadar a la piscina. Es difícil decirle a la cabecita que deje los pensamientos fuera del agua a veces. Pero no imposible.

Si entras en la piscina, sales cuando hayas terminado tu ración de nado diaria, cariño.

Lo de contaros dramas con las taquillas y los candados en el vestuario lo dejo para otra ocasión.

PD: nadar con tendinitis aquilea es entretenido porque hay que relajar las patas sí o sí, obligándome a hacer el esfuerzo desde la cintura para la patada (cosa que sin lesiones a veces he pasado por alto, ejerciendo más fuerza con los pies, creando tensión así).

Sigue nadando

¿En qué pensáis mientras nadáis o hacéis deporte? Yo intento no pensar en nada mientras nado. Últimamente he cogido el truco de ir repitiendo el número del largo en curso mentalmente… pero los pensamientos se me van colando. Si me paro a pensarlo, es una forma de meditar, aunque no pueda escuchar mi respiración ni estar quieto como requiere la meditación estándar. Cuando se cuela un pensamiento de forma prolongada, le recuerdo mentalmente el número de largo por el que voy: no va a conseguir que me enganche a él.

Hablando de meditación, tengo en mente un post que escribiré pronto en el que os hablaré de las meditaciones activas OSHO: hace poco leí un libro sobre ellas y aún no las he puesto en práctica… se me ha ocurrido una cosa bastante interesante (una especie de reto) que os contaré próximamente, para ir conociéndolas en la práctica. Hasta entonces, seguiré nadando.

Para acabar, os dejo con el mantra de este post, presente en una de mis películas favoritas de Disney·Pixar, Buscando a Nemo:

PD: he subido de 40 largos, ahora son 50. Que los dulces del verano, como os dije el otro día, pasaron factura.

Mi relación de amor/odio con el verano

Me mudé hace poco, a finales de junio. En mi antigua ubicación llevaba un ritmo deportivo bastante alto, desde hace poco más de año y medio: nadaba, boxeaba, corría, iba a spinning, hice mis pinitos en yoga e incluso me introduje en el mundo del Reíkí y la meditación. Antes de mudarme, en mayo, sobrecargué la máquina demasiado y corriendo me salió una tendinitis en el tendón de Aquiles (en ambos pies). Rehabilitación y reposo deportivo. La mudanza, conducir y los viajes veraniegos no han hecho más que fastidiar más todo lo que ya había. Por lo que… por un lado tenemos todo el lado bonito del verano de vacaciones y no hacer nada más que disfrutar de la comida (los helados, sobre todo), la playa, viajes varios y la familia… Y por el otro, he perdido fuelle en absolutamente todo lo que hacía de ejercicio y cuidar mi alimentación.

Así que… ahora te jodes y bailas, como diría el refrán. Esto es ley de vida. Nos pasa a todos y gracias a la memoria supersónica del cuerpo… poco a poco con volver a cuidar la dieta, rehabilitación otra vez, un poco de yoga y piscina: a por todas. Nada de desmoralizarse. Esto, como bien le dije a mi amigo Pak, hay que verlo como un “regalo divino” para volver y ponerse a saco con todo de nuevo.

A todo esto, tengo que también ponerme a buscar trabajo -otra bonita broma, con el panorama actual, habrá que tener paciencia-. 

¿Cómo lleváis vosotrxs la vuelta a la realidad, si es que habéis terminado vacaciones? Si queréis restregarme también lo bien que estáis en Cancún, también podéis. Say hi.

Bienvenidos a mi Operación Retorno.

 

El largo 37

Un día más en la piscina del polideportivo municipal de Arganda del Rey (Madrid). Un lugar como otro cualquiera… sí. Donde voy a nadar habitualmente. La piscina es un lugar en el que puedo desconectar de absolutamente todo. Esto no quiere decir que me convierta en un animal sin pensamientos, cosa que es difícil. Pero al menos, me lo tomo como un ejercicio de meditación activa. Es una actividad que me traslada mientras la practico a un lugar indescriptible por la psique. Es algo que se hace y que se siente.

Suelo hacer 40 largos, que son 1000 m (en una piscina de 25 metros). Pues bien, tengo una cosa por los números 3 y 7, además de todas sus posibles combinaciones. Lo cual me lleva a convertir el largo 37 en un ritual de pura desconexión y amplificación de la actividad de nadar propiamente dicha. Casi el final, pero aún quedan unos pocos largos para acabar.

Yo siempre he sido una persona con algo de estrés y con dificultades para mantener la atención centrada en algo… pero con el tiempo he ido logrando centrarme un poco más. Es por eso que ahora abro este blog, para compartir mis experiencias y dar un poco de luz para todos aquellos que, como yo, nos hemos sentido ahogados en algún momento, aportando mi granito de arena. Porque quedárselo todo para uno es un poco aburrido, ¿no?

Bienvenidxs al Largo 37.

Por cierto, me llamo Dani, para quien acabe de aterrizar aquí sin saber quién soy.

PD: puede que también cuele alguna cosita audiovisual, algo de cocina y chorradas varias.